miércoles, 29 de septiembre de 2010

A tía Porreta


Onte cando estaba a coller figos para os meus cabalos, pasaron pola miña mente recordos da miña infancia, sen dúbida un claro síntoma de que me estou facendo vella.

Cando era unha meniña na miña aldea vivía unha velliña que tiña por alcume a tía Porreta.

A carón da súa casa, os meus avós tiñan unha figueira que ao redor do tronco saíanlle moitos gromos, eu metíame no medio a coller figos, cando os había, e a vixiar o que facía a pobre da muller que vivía soa.

Sempre pensei que era unha bruxa e que traía rapaces metidos no saco branco que sempre puña ás costas cando ía a algún lugar.

Pasaba longas temporadas na capital e cando volvía ela e o seu saco, este sempre ía moi avultado. Imaxino que ela sabía que eu a vixiaba e sempre que me vía dicíame "vén aquí rapaza que te meto no saco" .

Eu saía correndo a esconderme na casa e pasaban días ata que me atrevía de novo a ir vixiar.


Esta poesía é de
Filomena Dato e ten a virtude de que cando a leo, póñolle "á bruxa" a imaxe que a miña memoria conserva da tía Porreta.

A BRUXA

Pobre velliña eslombada
baixo do peso dos anos,
que quizais desenganos
aumentaron e o pesar.

Negra, fraca e consumida
pola fame e a tristura
esa infeliz criatura
case que cega de chorar.


Vive soa cos pesares
sen que ninguén a condoia,
só o pau en que se apoia
fai compaña a súa dor.

Todos a miran de esguello
e foxen cando ela pasa,

e non hai choza nin casa
onde non inspire horror.

Nunca fixo mal á ninguén;
mais se se pon un meniño
pouco á pouco mirradiño,
sempre ela culpa ha de ter.


Ela leva a culpa toda
se algún gando enferma ou morre:
e nin ninguén a socorre,
nin ninguén a pode ver.


E a infeliz namentres tanto,
que é de todos maldicida

ponse á pensar que na vida

sempre lle tocou sufrir.

Cando era moza era probe
e fea e ninguén a miraba,
ningún mozo a cortexaba
e en vez de se divertir nas festas,
choraba sempre
bagoas
que ninguén vía
planta ardente
que caía
enriba do corazón.
E agora que é vella
e se atopa
sen agarimo nin amparo,
aldráxana sen reparo,
ninguén lle ten compaixón.


->Versión en castelán

Ayer cuando estaba cogiendo higos para mis caballos, pasaron por mi mente recuerdos de mi infancia, sin duda un claro síntoma de que me estoy haciendo vieja.

Cuando era una niña en mi aldea vivía una viejecita que los vecinos le tenía el apodo de "la tía Porreta".

Junto a su casa, mis abuelos tenían una higuera que alrededor del tronco le salían muchos brotes, yo me metía en medio a coger higos, cuando los había, y a vigilar lo que hacía la pobre mujer que vivía sola.

Siempre pensé que era una bruja y que traía niños metidos en el saco blanco que ponía a las espaldas cuando iba a algún lugar. Pasaba largas temporadas en la capital y cuando volvía ella y su saco, este siempre iba muy abultado.

Imagino que ella sabía que yo la vigilaba y siempre que me veía me decía "ven aquí niña que te meto en el saco" .

Yo corría a esconderme en casa y pasaban días hasta que me atrevía a volver a ir a vigilar


Esta poesía es de Filomena Dato, cuando la leo, le pongo a la bruja la imagen que mi memoria conserva de la tía Porreta.

La versión original original en esta dirección: http://bvg.udc.es/paxina.jsp?id_obra=FoPoGa++1&alias=Filomena+Dato+Muruais&id_edicion=FoPoGa++1001&formato=texto&pagina=20&cabecera=%3Ca+href %3D%22ficha_obra.jsp%3Fid%3DFoPoGa++1%26alias%3DFilomena+Dato+Muruais%22+class%3D%22nombreObraPaxina%22%3EFollatos%3C%2Fa%3E&maxpagina=47&minpagina=1

La BRUJA

Pobre
viejecita encorvada
bajo el peso de los años,
que quizás desengaños
aumentaron y el pesar.

Negra, flaca y consumida
por el hambre y la tristeza
esa infeliz criatura
casi qué ciega de llorar.

Vive sola con los pesares
sin que nadie se
compadezca,
sólo el palo en que se apoya
hace compaña a su dolor.

Todos la miran de soslayo
y huyen cuándo ella pasa,
y no hay choza ni casa
donde no inspire horror.

Nunca hizo mal a la nadie;
mas si se pone un niño
poco a la poco muy delgado,
siempre ella culpa ha de tener.

Ella lleva la culpa toda
si algún ganado enferma o muere,
y ni nadie la socorre,
ni nadie la puede ver.


Y la infeliz mientras tanto,
que es de todos maldecida
se ponen a pensar que en la vida
siempre le tocó sufrir.

Cuando era moza era pobre
y fea y nadie la miraba,
ningún joven la cortejaba
y en vez de divertirse en las fiestas,
lloraba siempre lágrimas
que nadie veía planta ardiente
que caía encima del corazón.
Y ahora que es vieja
y se encuentra sin cariño ni amparo,
ultrajada sin reparo,
nadie le tiene compasión.

15 comentarios:

Eastriver dijo...

Ocurre eso de ponerle un rostro familiar a un mito, a una canción, a un personaje. Y la anécdota de la tia Porreta es divertidísima. Cómo somos los seres humanos. Mi padre cuenta que de niño un vecino tipo tía Porreta le decía también que le iba a meter en un saco y se lo iba a llevar. Y cierto día sus padres lo vistieron de domingo y fueron todos al pueblo grande, a la feria. Y allí vio venir al hombre del saco. Mi padre se puso a correr como un loco, ante la sorpresa de todos. Perdieron al niño durante horas.

Marcos dijo...

Una anécdota muy divertida, Marisol, pero lo cierto es que es muy triste ver cómo algunos jóvenes de hoy en día huyen de los ancianos como si tuvieran algo que se contagiase. Nunca lo comprenderé.
P.D.: lo que si se contagia es la sabiduría, que nunca sobra.
Bicos y saludos progresistas de Madrid.

Rita dijo...

Es muy bonita la poesía pero también es muy triste y real, yo también conocí una tía Porreta muy parecida pero no recuerdo su nombre, ésta memoria......
bicos

Juan Carlos dijo...

La poesía preciosa pero tengo una pregunta ¿por qué en gallego normativo? ¿cuál es la diferencia con la versión original? Bueno, las diferencias las vi pero ¿cómo es más correcto y por qué?
Salu2

Isabel Martínez Barquero dijo...

Preciosos y entrañables recuerdos tuyos en esta entrada que he disfrutado de veras.
Pero he de hacer una objeción: ¿Tú vieja? Ni por asomo, querida Dilaida. Te he conocido personalmente y el brillo de tus ojos y la pasión de tus palabras te delatan como joven. Siempre serás joven, amiga mía.
Bicos.

Ciberculturalia dijo...

Me han encantado tus recuerdos. Todos tenemos alguna tia porreta en la memoria, verdad?

Un beso

Mercedes dijo...

Bonita entrada, hace reflexionar sobre esos tíos y tías porretas que hay por los rincones de nuestro entorno y que a veces miramos con desprecio. También fueron jóvenes y tienen un pasado que desconocemos. Quién sabe la vida de cada cual para juzgar tan alegremente. Quizás mañana nosotros seamos "tios porretas".
Un abrazo.

Txema dijo...

Seguro que lo sabía

Bicos

paideleo dijo...

Por que todos temos unha tía Porreta na nosa vida ?.

AROBOS dijo...

Divertida historia y aterradora para una niña. Me has recordado con esta entrada, que de niño andaba por aquí alguien a quien las madres llamaban "el tío de la sangre"; venía en el tiempo en que las habas maduran; las madres nos decían que no fuéramos por tal o cual sitio, porque por allí andaba el "tío de la sangre", que se llevaba a los niños en un saco. Una manera de impedir que anduviésemos por lugares que ellas consideraban peligrosos. Y lo conseguían.

mariajesusparadela dijo...

El hombre del saco también tenía lo suyo. Pero con relación a las mujeres, había un cerco de crueldad.
Los tiempos han cambiado, en eso, para mejor.

RGAlmazán dijo...

Bello poema y bonita historia la tuya. Nos sirve para ver lo injusto que somos con la gente que es diferente y de qué forma ponemos un muro para que la gente distinta siempre quede al otro lado, por pobre, por fea, por rara, cualquiera es una buena excusa para que todos seamos más homogéneos y queden fuera los otros.

Salud y República

Maripaz Brugos dijo...

Entrañables y divertidos recuerdos infantiles. Te imagino escondida entre las hojas de la higuera...casi me has inspirado una historia.
Es a la vez muy triste. Cuantas historias de seres que pasan ocultos, juzgados con dureza por la sociedad, sin atreverse a ser felices...

Aldabra dijo...

vidas anónimas que si falaran terían moito que contar.
o relato mostra moi ben todo o que da de sí a mente dun rapaz.
biquiños,

zeltia dijo...

de nena dábanme algo de noxo a xente vella: enrugada, fea, vestida de negro, ás veces mal vestida e cun cheiro indiscriptible "a vello"...
pero pronto ese sentimento se me transformou en compaixón e despois nunha solidaridade e comprensión.
Todo o mundo fala dos nenos, os animais.
Os velliños que viven sós e mexan por si porque non se dan coutado ata chegar ao baño inspiran poucas simpatías.

grazas pola visita ao meu blog e por deixar a túa pegada; naturalmente vin movida pola curiosidade, e por aquí seguirei un anquiño, dando unha voltiña, clicks aquí e acolá, que está moi entretenido (O teu nick sí que o teño visto na Chousa da Alcandra e nalgún blog mais)