jueves, 18 de diciembre de 2008

AS EGUAS PREÑADAS POLO VENTO»

Un dos máis soados mitos relacionados coa vella Hispania foi o das eguas ás que fecundaba o vento; mito que foi moi popular na Antigüidade, a pesar de transcorrer nun “finis terrae”.

Consiste na crenza, ou máis ben na afirmación (pois para os antigos o mito, a diferenza da fábula, é unha “vera narratio”), dun feito tomado como certo: Preto de Olisipo (Lisboa), as eguas, volvéndose cara ao Océano, isto é, cara ao Occidente, podían ser fecundadas polo vento do Oeste, o Zephyrus grego (Favonius romano), un vento reconocidamente cálido e vivificador. Preñadas así por un deus, parían poldros velocísimos pero que morrían pronto.
O mito é referido con distintos detalles por dezasete escritores antigos, desde Homero na Ilíada (s. IX-VIII a.C.) ata autores cristiáns do século IV-V d.C. como Lactancio e san Agustín, pasando por tratadistas tan serios como Aristóteles, o propio Plinio o Vello ou Claudio Aeliano na súa “De natura animalium”. Pero, a pesar destes testemuños antigos, a crítica histórica moderna veuno considerando un bulo ou como expresión ambigua dunha estrutura social de tipo matriarcal.

Na "Historia de las mujeres" no volume dedicada a Idade Media, no capitulo "La mujer y los alientos" fala que Alberto Magno evoca o caso da muller que, segundo propia confesión, obtiña pracer coa acción do vento. Esta anécdota serve para esbozar a comparación frecuente entre a muller e a egua, capaz de concevir grazas á acción do vento.



Versión en castelán


LAS YEGUAS PREÑADAS POR El VIENTO»

Uno de los más célebres mitos relacionados con la vieja Hispania fue el de las yeguas a las que fecundaba el viento; mito que fue muy popular en la Antigüedad, a pesar de trascurrir en un "finis terrae".

Consiste en la creencia, o más bien en la afirmación (pues para los antiguos el mito, a diferencia de la fábula, es una "vera narratio"), de un hecho tomado cómo cierto: Cerca de Olisipo (Lisboa), las yeguas, volviéndose hacia el Océano, esto es, hacia el Occidente, podían ser fecundadas por el viento del Oeste, el Zephyrus griego (Favonius romano), un viento reconocidamente cálido y vivificador. Preñadas así por un dios, parían potros velocísimos pero que morían pronto. El mito es referido con distintos detalles por diecisiete escritores antiguos, desde Homero en la Ilíada (s. IX-VIII la.C.) hasta autores cristianos del siglo IV-V d.C. como Lactancio y san Agustín, pasando por tratadistas tan serios como Aristóteles, el propio Plinio el Viejo o Claudio Aeliano en su "De natura animalium". Pero, a pesar de estos testimonios antiguos, la crítica histórica moderna lo consideró uno bulo o como expresión ambigua de una estructura social de tipo matriarcal.

En la "Historia de las mujeres" en el volumen dedicada la Edad Media, en el capitulo "La mujer y los alientos" cuenta que Alberto Magno evoca el caso de la mujer que, según propia confesión, obtenía placer con la acción del viento. Esta anécdota sirve para esbozar la comparación frecuente entre la mujer y la yegua, capaz de concebir gracias a la acción del viento.







1 comentario:

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Excelente relato el tuyo, amiga Dilaida. Das una serie de datos interesántísimos que yo desconocía. Muchas gracias por tu colaboración. Espero que sigamos colaborando en el futuro. Inmediatamente pongo esta referenciaq en el final de mi relato. Muchas gracias.
Un beso,

Antonio