jueves, 20 de octubre de 2011

Relatos






Dende hai tempo, pasa ao meu carón coma se non me coñecese, disimula mirando para o chan, facendo que busca algo no bolso ou xogando co móbil. Ao principio eu, inocente de min, pensei que en realidade ía distraída, e entón saudábaa, pero a forma de contestarme, deume a entender que pasaba de min e non quería falarme.



Intentei buscar na miña memoria a causa da súa actitude e non logrei lembrar ningún motivo para que me ignorase.



Coñecina haberá uns vinte anos, unha compañeira de traballo preguntoume se estaría disposta a axudar a unha amiga, chamárana dun instituto para facer unha substitución bastante longa, ela era licenciada en filosofía e a substitución que tiña que facer implicaba impartir tamén a materia afín de latín. Deille o meu teléfono para que ela me chamase. Cando o fixo, quedamos para falar de que forma a podía axudar.



Contoume o seu problema, tiña que dar clases de latín, na carreira non tivera esa materia e só a estudara no bacharelato e en COU. Sentín mágoa por ela e díxenlle que non se preocupase, eu comprometíame a prepararlle as clases todas as semanas. Quedamos en vernos todos os sábados pola mañá para poder explicarlle as clases que ela ía impartir a semana seguinte e ao mesmo tempo, tamén lle preparaba os exercicios que tiñan que facer os alumnos naquela semana.



Tiña clases de segundo, terceiro e COU. As de segundo non houbo problema, pronto se puxo ao día e a min case non me deu traballo, pero as de terceiro e COU eran máis serias, en COU non podía ter fallos porque os alumnos xogábanse o aprobado de selectividade e a nota para poder entrar na carreira desexada.



Cando levabamos dúas semanas, díxome que lle tiña que dicir canto lle ía cobrar, porque ela así íase sentir moito mellor.



Nun principio, non souben que dicirlle, porque eran dúas ou tres horas dos sábados, máis o tempo que eu perdía preparándolle a tradución, a análise sintáctica e morfolóxica dos texto que levaba para traballar ao longo da semana, axudala a corrixir os exames, ... Non quería aproveitarme da súa situación e posto que ela quería pagarme para sentirse mellor, eu podía pórlle un prezo simbólico, quedamos en que me pagaría 2.000 pesetas á semana.



Así pasaron máis de tres meses, as últimas semanas, agora non lembro se tres ou máis deixou de pagarme, díxome que non tiña cartos, que tiña que esperar uns días e a min non me preocupou.



Un sábado non apareceu nin me chamou, o luns chameina eu, estaba preocupada porque non tiña materia para explicar aquela semana.



-Isa que che pasou o sábado, estás enferma?



-Non, non cho dixen?. Dende o mércores estou na casa, xa me rematou a substitución.



-...



-Xa te chamarei para pagarche o que che debo e devolverche o libro que me emprestaches.



Non lembro se falamos máis, xa hai 20 anos disto, nin me chamou para pagarme nin me devolveu o libro.



E agora, cando me torce a cara, eu fago propósitos todos os días de parala e lembrarlle que me debe polo menos un libro.



Pero non me atrevo, son covarde.





Versión en castelán



Desde hace tiempo pasa a mi lado como si no me conociese, disimula mirando para el suelo, buscando algo en el bolso o jugando con el móvil. Al principio yo, inocente de mí, pensé que en realidad iba distraída, y entonces la saludaba, pero la forma de contestarme, me dio a entender que pasaba de mí y no quería hablarme.


Intenté buscar en
mis recuerdos la causa de su actitud y no logré recordar ningún motivo para que me ignorase.

La conocí habrá unos veinte años, una compañera de trabajo me preguntó si estaría dispuesta a ayudar a una amiga, la habían llamado de un instituto para hacer una sustitución bastante larga, ella era licenciada en filosofía y la sustitución que tenía que hacer implicaba impartir también la materia afín de latín. Le di mi teléfono para que ella me llamara. Cuando lo hizo, quedamos para hablar y buscar la forma de cómo podía ayudarla.

Me contó su problema, tenía que dar clases de latín, en la carrera no había tenido esa materia y sólo la había estudiado en el bachillerato y COU. Sentí lástima por ella y le dije que no se preocupase, yo me comprometía a prepararle las clases todas las semanas. Quedamos en vernos todos los sábados por la mañana, para poder explicarle las clases que ella iba a impartir la semana siguiente y al mismo tiempo, también le preparaba los ejercicios que tenían que hacer los alumnos en aquella semana.

Tenía clases de segundo, tercero y COU. Las de segundo no hubo problema, pronto se puso al día y a mí casi no me dio trabajo, pero las de tercero y COU eran más serias, en COU no podía tener fallos porque los alumnos se jugaban el aprobado de selectividad y la nota para poder entrar en la carrera deseada.

Cuando llevábamos dos semanas, me dijo que le tenía que decir cuanto le iba a cobrar, porque ella así se iba a sentir mucho mejor.

En un principio, no supe que decirle, porque eran dos o tres horas de los sábados, más el tiempo que yo perdía preparándole la traducción, el análisis sintáctico y morfolóxico de los texto que llevaba para trabajar a lo largo de la semana, ayudarla a corregir los examenes, ...

No quería aprovecharme de su situación y puesto que ella quería pagarme para sentirse mejor, yo podía ponerle un precio simbólico, quedamos en que me pagaría 2.000 pesetas a la semana.

Así pasaron más de tres meses, las últimas semanas, ahora no recuerdo si tres o más, dejó de pagarme, me dijo que no tenía dinero, que tenía que esperar unos días y a mí no me preocupó.

Un sábado no apareció ni me llamó, el lunes la llamé yo, estaba preocupada porque no tenía materia para explicar aquella semana.

-Isa ¿qué te pasó el sábado, estás enferma?

-No, ¿no te lo dije?. Desde el miércoles estoy en casa, ya me terminó la sustitución.

-...

-Ya te llamaré para pagarte lo que te debo y devolverte el libro que me prestaste.

No recuerdo se hablamos más, ya hace 20 años de esto, ni me llamó para pagarme ni me devolvió el libro.

Y ahora, cuando me tuerce la cara, yo hago propósitos todos los días de pararla y recordarle que me debe por lo menos un libro.


Pero no me atrevo, soy cobarde.

10 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Yo sí que la pararía por el libro, por supuesto, el dinero podría meterlo donde metió el agradecimiento... Buen relato, me ha encantado; fiel reflejo de muchos actos de las personas ¿"humanas"?
Salu2

Anna Jorba Ricart dijo...

Dilaida, que curioso que quien tiene la razón es quien es prudente y calla, en este caso tú.
La otra es una impresentable, seguro que se acuerda de todo y baja la cara, que se le tendría que caer de vergurnza.
Deseo que sigas bien.

RGAlmazán dijo...

Dejalo estar, no vale la pena. Es mejor no hablar con ella, no vaya a ser que te pida algo. Ni caso.
Bicos

Salud y República

Isabel Martínez Barquero dijo...

Eres sensible, amiga, por eso te duele la actitud de esa mujer. Ni caso. Por lo que te conozco, sé que lo que menos te importa es el libro o el dinero. Te duele su falta de gratitud, su distancia injustificada, su apartamiento tras haber estrechado vínculos, y todo sin explicaciones por su parte.
Pero no te inquietes ni te hagas mala sangre: existen personas que hoy te adoran, que te llaman a diario y, un buen día, cuando ya no les sirves para sus fines egoístas, te dan la patada. Son gentecilla menor que se cree por encima del bien y del mal. Ni caso. La indiferencia es la cosecha más adecuada para tales individuos.
Bicos.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Dilaida, lo que tu hiciste por ella no tiene precio, te gira la cara de la vergüenza que tiene cuando te ve, déjala, más está sufriendo ella que tu ya que puedes ir con la frente bien alta, y el libro se lo regalas, así es como paga mucha gente los favores recibidos. Un abrazo querida Dilaida.

mariajesusparadela dijo...

Si xa hai vinte anos, agora xa non paga a pena. Déixao.

Jose Vte. dijo...

Desgraciadamente hay mucha gente desagradecida por ahí. Esta profesora esta llena de verguenza y por eso prefiere agachar la cabeza a saludarte y afrontar el recuerdo de la deuda.

Un abrazo

Rita dijo...

Te entiendo, a mi me pasaría igual, yo no lo llamaría cobardía, creo que simplemente queremos evitarnos una situación comprometida y violenta, nos da verguenza ajena, cosa que ella no tiene.
Me alegro mucho de que por fin se haya apagado el fuego
bicos

Dilaida dijo...

***A nena do paraugas

Non creo que sexa covardía. Quizais a túa dignidade e enteireza che impide pedir contas a quen, se quixese dalas, xa o tería feito hai tempo. E pedir a quen non quere dar, ou devolver o que é xusto, é tempo perdido. Non é covardía.
Síntoo polo libro e pola túa estragada xenerosidade...

Aldabra dijo...

Sólo puedo decir ¡que desagradecida! o ¡vaya morro!.

yo tampoco me atrevería a pararla.

biquiños,