Non se sabe de onde veñen. Algúns nacen en montes e penedos coñecidos, coma o Penido da Capelada, preto de Teixido, que pare os aires que danan as colleitas. Dun seixo quebrado de San Xoán da Cova, no Ulla, dise que é alxibe de tormentas e odre dos ventos.
Así e todo hai tamén ventos bos. Na Capelada corre algún que empreña eguas. En todo caso, esconxúranse con facilidade facendo unha cruz cos dedos.
Todos os aires son temidos, pero o máis temido é o aire morto. Cando os mortos expiran, botan un bafo que chama pola persoa a quen llo botan. Urxe conxuralo, volverlle o aire, para que non lle tire pola vida ao afectado.
Bibliografía: Dicionario dos seres Míticos Galegos. Xoán R. Cuba, A. Reigosa, X. Miranda. Ed. Xerais
Versión en castelán
Hay dos clases de aires; los comunes y los que emanan de personas, animales, objetos, astros o lugares, casi todos malos y perjudiciales para la salud e incluso la pervivencia humana. En los aires comunes y en los vientos viven seres sin nombre, dañinos para los animales, las plantas y la gente. Los vientos "ruíns", los "soáns", los "lurpios", los "cativos", los "coados", la "xoína", las "correntes" y los "remuíños" provocan epidemias, rompen cristales, causan accidentes, enfermedades y muertes.
No se sabe de donde vienen. Algunos nacen en montes y peñas conocidas, como el Penido de la Capelada, cerca de Teixido, que pare los aires que dañan las cosechas. De una piedra quebrada de San Xoán da Cova, en el Ulla, se dice que es aljibe de tormentas y odre de los vientos.
Sin embargo hay también vientos buenos. En la Capelada corre algún aire que empreña yeguas. En todo caso, se conjura con facilidad haciendo una cruz con los dedos.
El mal del aire, producido por los aires emanados, es una dolencia con variedad de síntomas (dolores, mala digestión, inapetencia, fatiga, afecciones en la piel, etc.). Recibe infinidad de nombres según los animales, personas, estados, objetos, astros, lugares que lo provocan.
El curandero, sabio, sabia, "pastequeiro", "tallador" o sanador, antes de proceder a confirmar la existencia de un Mal de Aire, hace una prueba que consiste en lavar al enfermo con agua de siete fuentes o de una sola que nunca ha dejado de manar agua, y después de pasar el agua por un paño adamascado. Sobre el mantel aparecen los pelos del causante del mal. Si se confirma la dolencia, se procede al tratamiento y aunque la variedad de salmos, rituales, fórmulas, etc., es enorme, hay pautas comunes como son los lavados a contrapelo y los humazos, junto con una amplia y a veces secreta variedad de recitados.
Todos los aires son temidos, pero el más temido es el "aire muerto". Cuando los muertos expiran, echan un aliento que llama por la persona a quien se lo echan. Urge conjurarlo, devolverle el aire, para que no le tire por la vida al afectado.




